Claudia obsesionada por Rocha / Olvida a Duarte / Marco en la mañanera

LA PRESIDENTA de México ha estado cayendo en imprecisiones, por decirlo de manera amable, probablemente de manera deliberada y con el claro objetivo de blindar a narcopolíticos investigados y reclamados por los Estados Unidos, particularmente al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
No se trata de hacer un inventario de las faltas a la verdad de la mandataria nacional, sino de poner bajo la lupa las afirmaciones que realizó ayer para justificar la negativa de entregar a Rocha Moya y a su círculo político a las autoridades norteamericanas.
La presidenta aseguró, prácticamente con la mano sobre la biblia, que desde 2018 México ha solicitado 266 casos o personas en proceso de extradición y que Estados Unidos no ha entregado ni una sola. Una afirmación que para los chihuahuenses resulta difícil de sostener.
Basta recordar que el exgobernador César Duarte Jáquez fue extraditado por el gobierno estadounidense en 2022. Evidentemente, ese caso no entró en la contabilidad presidencial.
Y seguramente no es el único. También existen varios personajes que siguen enfrentando procesos judiciales en territorio norteamericano, litigios que pueden extenderse durante meses o incluso años antes de concretar cualquier entrega.
La narrativa construida para evitar la entrega de Rocha Moya comienza a resquebrajarse. Sobre todo después de aquella insistencia oficial de “pruebas, pruebas y más pruebas”, mismas que dejaron de exigirse luego de que el tesorero y el secretario de Seguridad de Sinaloa prácticamente se entregaran solos.
Ese escenario no estaba contemplado dentro de la lógica de la llamada Cuarta Transformación.
Además, la propia Claudia Sheinbaum sabe perfectamente que de esos 266 expedientes de extradición – sin contar el caso Duarte- apenas alrededor de 40 se encuentran realmente en procesos judiciales compatibles con ese mecanismo. El resto simplemente no encuadra.
Para que opere un tratado de extradición entre ambos países deben existir delitos equivalentes en ambas legislaciones y, además, los acusados no pueden tener cargos pendientes en los Estados Unidos. Esa es la parte jurídica que convenientemente se omite desde Palacio Nacional.
En fin, todo sea por proteger al grupo de narcopolíticos mexicanos, casualmente vinculados al partido Morena.
EL QUE ESCALÓ El que escaló a las grandes ligas, o mejor dicho a la mañanera, fue el alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla Mendoza, gracias a sus patrullas estilo neoyorquino.
Desde luego no fue una felicitación presidencial por el número de unidades municipales ni por el equipamiento de las mismas, aunque ciertamente las patrullas recuerdan a las de la NYPD que aparecen en películas y series de televisión.
La presidenta cuestionó al “neoliberal y conservador” alcalde por adoptar una imagen inspirada en corporaciones norteamericanas y, según dijo, relegar el talento mexicano. Para la narrativa oficial, quienes miran hacia Estados Unidos representan el pasado.
Claudia Sheinbaum dedicó buena parte de la mañanera al tema de las calcas de las patrullas, un asunto que, como dirían los jóvenes, ni al caso.
Los convenios de capacitación con corporaciones estadounidenses fueron autorizados por la propia Secretaría de Relaciones Exteriores y eso la presidenta lo sabe perfectamente.
Quemar pólvora en diablitos difícilmente parece asunto de una jefa de Estado, aunque dentro de su bloque político el tema ya comenzó a utilizarse como combustible electoral. No faltará quien quiera acusar a Bonilla hasta de traición a la patria.
COMO eco de la fracasada marcha de Morena del sábado pasado en Chihuahua, quedaron varios datos interesantes que permiten hacer una lectura estrictamente periodística.
Primero, aunque parezca irrelevante, ni el PT ni el Partido Verde aparecieron realmente en la movilización. Tal vez podían aportar dos o tres camiones más, pero ni eso ocurrió. En realidad, ambos partidos juegan localmente más cerca de Acción Nacional que del morenismo estatal.
Otro detalle significativo fue la colocación del templete frente al acceso principal de Palacio de Gobierno, sobre la Aldama, Plaza Hidalgo, Once y Nery Santos.
Con apenas un par de neuronas cualquiera concluye que en esa zona es físicamente imposible meter a 200 mil personas, ni siquiera a 20 mil. Tal vez cuatro o cinco mil, siendo generosos.
El senador morenista Javier Corral Jurado habló de 200 mil asistentes; Ariadna Montiel aseguró que fueron 20 mil y la dirigente estatal terminó acercándose más a la realidad al reconocer alrededor de seis mil participantes.
Más allá de los números y del evidente fracaso, la realidad demuestra que Morena sabía perfectamente cuál sería el resultado de la movilización.
Y eso abre una lectura todavía más delicada: la posibilidad de un boicot interno que, de confirmarse, podría convertirse en una tumba política anticipada para el partido en Chihuahua.
Columna Hipótesis de www.acento.com.mx